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Reflexiones de ética mutualista. Herencia del Papa Francisco

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  INSPIRADOR PARA  EL MUTUALISMO

El Papa Francisco (17 dic 1935 - 21 abril 2025) culminó su presencia material en la tierra. Nos deja su ejemplo de misericordia y compasión; sus enseñanzas de  hermandad  y solidaridad; su compromiso por la justicia y la equidad; la responsabilidad  de cuidar la casa común;  una espiritualidad  que motiva a ver en Jesús un compañero que escucha, enseña, ayuda, anima…

La historia del mutualismo en el mundo y en Colombia  se ha sustentado en la búsqueda de superación de los más pobres, induciéndolos a la unión para el mejoramiento, no solo económico, también en lo cultural y social.

 

El Mutualismo, y en general todas las formas de economía solidaria, para hacer efectiva su misión, TIENEN QUE TENER UNA BASE DOCTRINARIA DE ÉTICA Y MORAL que cualifique la persona, mejore las comunidades y la sociedad en general. Por ello son valiosas las enseñanzas que deja el Papa Francisco, que exponía en forma poética en sus homilías y predicaciones.

La última que escribió como Meditaciones y “Oraciones para el Vía Crusis del viernes Santo”, de 18 de abril del 2025,  tienen especial significado, fueron escritas en condiciones difíciles de salud, contienen frases que provocan profundas reflexiones, y que su muerte sucediera tres días después, la convierte en una especie de testamento final que resume todo su sentir.

Me permito compartirla en forma resumida presentando primero la frase que responden los fieles y luego las oraciones que invocan la reflexión. Es un homenaje al Papa Francisco, a quien debo reconocerle, que sus enseñanzas  me han servido de sustentación ideológica para mis empeños mutualistas. Como puede verse en este blog hay otros artículos del Papa Francisco.

I estación. Jesús es condenado a muerte

Oremos: Abre mi corazón, Jesús

Cuando ante mí hay una persona juzgada

Cuando mis certezas son prejuicios

Cuando me condiciona la rigidez

Cuando el bien me atrae secretamente

Cuando quisiera tener valor, pero tengo miedo de perder

II estación. Jesús carga la cruz

Oremos: Líbranos del cansancio, Señor

Si nos angustiamos mirando a nuestro alrededor

Si nos parece no tener fuerzas para dedicarnos a los demás

Si buscamos excusas para evadir las responsabilidades

Si tenemos talentos y capacidades para poner en juego

Si nuestro corazón sigue vibrando frente a la injusticia

III estación. Jesús cae por primera vez

Oremos: Que venga tu Reino

Por aquellos que se sienten fracasados

Para desafiar una economía que mata

Para devolver la fuerza al que ha caído

En las sociedades competitivas y entre los que buscan los primeros puestos

Por los que están en las fronteras y sienten que su viaje ha terminado

IV estación. Jesús encuentra a su madre

Oremos: He aquí a mi madre

María escucha y habla

María pregunta y reflexiona

María sale de su casa y viaja decidida

María se alegra y consuela

María acoge y cuida

María se arriesga y protege

María no teme juicios ni insinuaciones

María espera y permanece

María orienta y acompaña

María no concede nada a la muerte

V estación. Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz

Oremos: Detén nuestra carrera, Señor

Cuando vamos por nuestro propio camino, desinteresándonos de los demás

Cuando las noticias no nos conmueven

Cuando las personas se vuelven números

Cuando nunca hay tiempo para escuchar

Cuando tenemos prisa por decidir

Cuando los cambios de programa no son permitidos

VI estación. La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Oremos: Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús

Si nuestro rostro es inexpresivo

Si nuestros proyectos excluyen

Si nuestro corazón es indiferente

Si nuestras actitudes causan división

Si nuestras elecciones lastiman

VII estación. Jesús cae por segunda vez

Oremos: Levántanos, oh Dios, nuestra salvación

Somos niños que a veces lloran

Somos adolescentes que se sienten inseguros

Somos jóvenes que muchos adultos desprecian

Somos adultos que se han equivocado

Somos ancianos que aún quieren soñar

VIII estación. Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Oremos: Danos un corazón materno, Jesús

Has poblado de santas mujeres la historia de la Iglesia

Has repudiado la prepotencia y el dominio

Has reunido y consolado las lágrimas de las madres

Has confiado a las mujeres el mensaje de la resurrección

Has inspirado en la Iglesia nuevos carismas y sensibilidad

IX estación. Jesús cae por tercera vez

Oremos: Nosotros somos arcilla en tus manos

Cuando las cosas parecen no poder cambiar, acuérdate de nosotros

Cuando de los conflictos no se ve el final, acuérdate de nosotros

Cuando la tecnología nos engaña haciéndonos creer omnipotentes, acuérdate de nosotros

Cuando los éxitos nos despeguen de la tierra, acuérdate de nosotros

Cuando nos preocupa más la apariencia que el corazón, acuérdate de nosotros

X estación. Jesús es despojado de sus vestiduras

Oremos: Concede a tu Iglesia paz y unidad

Señor Jesús, que ves divididos a tus discípulos

Señor Jesús, que llevas las heridas de nuestra historia

Señor Jesús, que conoces la fragilidad de nuestro amor

Señor Jesús, que nos quieres miembros de tu Cuerpo

Señor Jesús, que vistes la túnica de la misericordia

XI estación. Jesús es clavado en la cruz

Oremos: Enséñanos a amar

Cuando nos sentimos con fuerzas y cuando parece que nos faltan

Cuando nos vemos inmovilizados por leyes y decisiones injustas

Cuando nos vemos contrastados por quien no quiere la verdad y la justicia.

Cuando estamos tentados de perder la esperanza

Cuando se dice que “no hay nada más que hacer

XII estación. Jesús muere en la cruz

Oremos: ¡Ven, Espíritu Santo!

Nos hemos mantenido a distancia de las llagas del Señor.

Ante el hermano caído hemos mirado hacia otro lado

Los misericordiosos y los pobres en el espíritu parecen unos perdedores

Creyentes y no creyentes están frente al crucificado

El mundo entero busca comenzar de nuevo

XIII estación. Jesús es bajado de la cruz

Dando de comer a los hambrientos

Dando de beber a los sedientos

Vistiendo al desnudo

Hospedando a los forasteros

Visitando a los enfermos

Visitando a los encarcelados

Enterrando a los muertos

XIV estación. Jesús es colocado en el sepulcro

Oremos: Que venga tu paz

Para la tierra, el aire y el agua

Para los justos y los injustos

Para quien es invisible y carece de voz

Para quien no tiene poder ni dinero

Para quien espera un brote justo.

 

 Invocación final

«“Laudato si’, mi’ Signore” – “Alabado seas, mi Señor”, cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana […]. Esta hermana clama por el daño que le provocamos» (Carta enc. Laudato si’, 1-2).

«“Fratelli tutti”, escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio» (Carta enc. Fratelli tutti, 1).

«“Nos amó”, dice san Pablo refiriéndose a Cristo […], para ayudarnos a descubrir que de ese amor nada “podrá separarnos”» (Carta enc. Dilexit nos, 1).

Hemos recorrido la vía de la Cruz; nos hemos dirigido al amor del que nada podrá separarnos. Ahora, mientras el Rey duerme y un gran silencio cubre toda la tierra, haciendo nuestras las palabras de san Francisco invoquemos el don de la conversión del corazón.

¡Oh alto y glorioso Dios!,
ilumina las tinieblas de mi corazón.
Concédeme fe recta,
esperanza cierta,
caridad perfecta
y humildad profunda.
Concédeme, Señor, sabiduría y discernimiento
para cumplir tu santa voluntad. Amén.

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